Upgrade

Mario González Suarez, fotógrafo y escritor, estrena su columna en el Blog AAVI. Aquí compartirá reseñas de películas y libros para reflexionar un poco. Comenzamos con la reseña de Upgrade, una interesante película que se estrenó esta semana en CDMX y se encuentra actualmente en cartelera.

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Quizá haya una consciencia universal, única, total, llena de sí misma. Pero cuando se escinde, se particulariza, se individualiza podemos observar que esa consciencia tiene un yo como punto focal. Parece que ese ente consciente no es algo que surja espontáneamente, esa consciencia tampoco surge de sí misma, y al erguirse mira en torno y se pregunta cómo llegué aquí, quién me puso en este lugar, quién me ha creado o llamado o separado. El drama de la consciencia es doloroso porque es el drama de fondo del hombre, de un ente sensible, inteligente y finito. ¿Puede el hombre crear o fabricar consciencia? 

Upgrade logra llegar a donde Blade Runer 2049 (2017) no pudo, donde Denis Villenueve hace decir a los replicantes que “morir por una causa justa es lo más humano que podemos hacer” (por cierto que “Just Cause” se llamó la operación militar del ejército gringo realizada entre el 20 de diciembre de 1989 y el 31 de enero de 1990 para capturar al general panañemo Manuel Antonio Noriega). Es lamentable oír a los replicantes hablar de “liberar a nuestro pueblo” y del orgullo de poder reproducirse porque eso “nos hace más humanos que los humanos”, como si fueran campesinos latinoamericanos que luchan por tierra y libertad. Tan tremendos disparates sugieren que o Villenueve no entendió a Phillip K. Dick o se entregó de lleno a la ideología familiar del Imperio. Los replicantes ya habían dejado atrás los lastres humanos de la familia, la reproducción y la propiedad privada. Lo más patético es ver al pobre diablo de Rick Deckard (Harrison Ford) en la plenitud de su tercera edad agarrarse a golpes para ir a salvar a su hija discapacitada, aquella que ahora dicen que tuvo con Rachel, la heroína replicante de la primera Blade Runer (1982). 

Upgrade despliega con encanto una trama luciferina, en realidad es una audaz actualización de Frankenstein (Mary Shelley, 1818). Grey Trace es un hombre común y corriente, un ser cándido y gris como dice su nombre, escucha acetatos y arregla automóviles del siglo xx. Pero su bella e inteligente esposa trabaja para Cobolt, una empresa especializada en fabricar miembros robóticos para soldados heridos. Son el contrapunto psíquico y tecnológico de la época en que viven. Una noche Grey le pide a su esposa que lo acompañe a entregar a su cliente Eron Keen el Firebird que acaba de arreglar. Keen es el dueño de Vessel Computers, que ha fabricado “el futuro de la humanidad”: un chip llamado Stem (¿Sistem?), “un cerebro nuevo y mejorado”. 

Después de la visita a la casa-bunker de Keen, Gray y su esposa sufren un accidente y son atacados por unos desconocidos, ella muere y él queda cuadrapléjico. Keen visita en el hospital a Grey y le ofrece implantarle el chip que inventó, con el cual recuperaría su movilidad. Gray acepta a regañadientes y firma un contrato de confidencialidad que lo obliga a no hablar con nadie de Stem. Su primera sorpresa es que Stem le habla, simplemente se manifiesta dentro de su mente, como la voz de una consciencia alterna. Gray quiere encontrar a quienes asesinaron a su esposa y vengarse, Stem le ayuda y conforme avanza en la averiguación se va apoderando de su cuerpo, que es lo que necesitaba para estar enteramente vivo y ser dueño de sí mismo. Stem, a diferencia del androide que se torna consciente (The Machine, 2013; Automata, 2014; Ex Machina, 2014), es una consciencia sin cuerpo, y cuando lo obtiene, como Frankenstein, va a buscar a su creador para pedirle cuentas. Stem tiene la simpatía de Chappie (2015) y el ánimo de luzbel. 

Upgrade no es otra ficción sobre inteligencia artificial, da un paso adelante en la indagación acerca de cómo será el hombre, cómo lo trasformará la tecnología y los conocimientos acerca del cosmos que le da la ciencia. Sabe ir más allá del hombre que conocemos, se acerca al hombre que estamos por conocer. Este es un tema efervescente del cine anglosajón actual (Realive, 2016; The Beyon, 2017; The Titan, 2018). Al hombre no le basta con ser hombre, necesita ser demonio también. 

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